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Acelerando hacia la catástrofe
por Vicente Cassanya
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El 26 de diciembre de 2004 un espectacular y sorprendente tsunami provocó una tragedia sin igual en el continente asiático, afectando a varios países: numerosos terrenos se desdibujaron, islas enteras desaparecieron del mapa, hubo centenares de miles de muertos...

SGR 1806-20 podría haber causado tal desastre. Se trata de una estrella de neutrones situada en nuestra misma galaxia, la Vía Láctea, concretamente en la constelación de Sagitario. Su cuerpo es diminuto, menos de 20 kilómetros de diámetro, pero gira a una velocidad endiablada, unos 30.000 kms./ hora. Es el cuerpo más magnético del Universo.

Pocas horas después de aquel tsunami, se registró desde la Tierra el estallido de rayos gamma proveniente de SGR 1806-20, una explosión 100 veces más potente que cualquier otra registrada hasta la fecha, liberando una energía que, en tan solo 2 centésimas de segundo, superó a la que produce el Sol en 250.000 años.

¿Por qué no se registró la explosión de rayos gamma antes que el tsunami? Según algunos investigadores, toda explosión de este tipo iría acompañada de un frente gravitatorio potentísimo que, curiosamente, viajaría a una velocidad mayor que la luz, es decir esa onda gravitatoria alcanzó la Tierra antes que los rayos gamma.

Si esa estrella de neutrones hubiera estado más cerca de nosotros, en lugar de estar a unos 50.000 años luz, podría haber desaparecido todo rastro de vida en la Tierra. Aún así, su impacto sobre nuestro planeta pudo haber sido tan grande como para que la Tierra aún esté temblando y sintiendo su escalofrío, en forma de terremotos aquí y allá, volcanes, locura climática, etc., como viene sucediendo en los últimos años.

Extinciones y catástrofes del pasado

Hace unos 440 millones de años desaparecieron dos tercios de todas las especies. Se produjo la extinción Ordoviciana, la segunda más intensa de las cinco grandes extinciones que se han registrado hasta el día de hoy en la historia de la Tierra.

Según una reciente teoría postulada por Adrian L. Melott, astrónomo de la Universidad de Kansas, fue causada por una "andanada de rayos gamma". Una supernova explotó a 10 mil años luz de la Tierra, destruyendo la química atmosférica de nuestro planeta y la capa de ozono, permitiendo así el paso de la radiación ultravioleta procedente del Sol. A ello siguió una edad de hielo que duraría más de medio millón de años.

El cielo se habría vuelto color castaño, mientras una fuerte radiación ultravioleta del Sol golpearía la superficie terrestre con una intensidad 50 veces superior a la normal, suficiente para matar toda forma de vida a su alcance. Un segundo efecto haría que la Tierra se enfriase entrando en una prolongada edad de hielo.

Un patrón cíclico de las extinciones

En marzo de 2005 los físicos Richard Muller y Robert Rohde presentaron sus impactantes resultados en la revista Nature después de estudiar con detalle los últimos 500 millones de años de la biodiversidad y las extinciones sobre nuestro planeta. Según ellos, en contra de lo que se creía, las extinciones masivas de la historia de la Tierra se producen siguiendo un patrón cíclico cada 62 (+- tres) millones de años.

Aunque sus investigaciones más que respuestas abren muchos interrogantes, son interesantísimas. De hecho, los mismos autores han barajado unas 14 posibles hipótesis que puedan justificar esos ciclos, algunas de ellas de tipo cosmológico y otras de origen terrestre. Sin embargo, ninguna de ellas les resulta satisfactoria. No obstante, Muller apuesta por una explicación de origen cosmológico, cree que la respuesta debe estar ahí afuera.

Sin embargo, según Mikhail V. Medvedev y Adrian L. Melott, de la Universidad de Kansas, hay un patrón que podría explicar este ciclo y lo publicaron en el Astrophysical Journal: se trataría de las oscilaciones del Sistema Solar con respecto al plano galáctico. El Sol oscila con respecto al plano galáctico con una periodicidad de 63,6 millones de años. De tal forma que, mientras estamos más alineados con el plano galáctico, el apantallamiento del campo magnético de la galaxia nos protegería, pero cuando asomamos mucho, nos expondríamos a violentas radiaciones cósmicas.

Misteriosos rayos gamma y la misión Firefly

La comunidad científica sabe muy poco sobre los rayos gamma, aunque es la radiación más poderosa, la que tiene más capacidad para transformar la materia y también el espíritu.

Los rayos gamma son imprescindibles para la vida. Seguramente prendieron la mecha de la vida en nuestro planeta y, paradójicamente, nos la quitan de manera cíclica en forma de extinciones masivas y, quién sabe si un día, nos llegarán a barrer del mapa.

A la radiación gamma podríamos considerarla como un dios creador y destructor al mismo tiempo, como Shiva es para los hindúes.

Los rayos gamma se descubrieron accidentalmente en la década de los 60 del pasado siglo XX. Hasta hace poco se creía, incluso, que provenían únicamente del espacio exterior. Sin embargo, desde 1994 se sabe que también en nuestra atmósfera se produce tal radiación, cuando el Observatorio Compton de rayos gamma de la NASA los descubrió, una vez más, accidentalmente. Ahora precisamente está planeado enviar un satélite del tamaño de un balón de fútbol para estudiarlos. Se llama Firefly (Luciérnaga).

Las cuatro estaciones galácticas

Sabemos y conocemos bien que la traslación anual de la Tierra girando alrededor del Sol genera los cambios de estaciones anuales (primavera, verano, otoño e invierno), que implican importantes cambios para la flora, la fauna, el clima e incluso el ánimo de los seres vivos.

Pero ¿y si también el Sistema Solar en su conjunto sufriese sus propios cambios de estación, pero mucho más a lo bestia, lógicamente? El conjunto de nuestro Sistema Solar, y con él la Tierra, ocupa una ínfima dimensión casi en los extrarradios de la Vía Láctea, nuestra galaxia, alrededor de la cual vamos dando vueltas de la misma forma que la Tierra da vueltas al Sol. Pero cada uno de estos giros del Sistema Solar alrededor de la galaxia tarda en completarse unos 230 millones de años.

Y aquí entramos en una cifra mágica: si cada una de las estaciones terrestres dura tres meses, cada una de las "estaciones galácticas" duraría cerca de 60 años, lo que nos aproxima a los ciclos de extinciones periódicas que describieron Muller y Rohde. Al ser de dimensiones y de tiempos muchísimo mayores que las terrestres, estaríamos hablando de cambios o consecuencias gigantescas. ¿Podría ser?

No sería descabellado pensar que cada vez que el Sistema Solar pasa por uno de esos cuatro puntos cruciales o puntos estacionales de su giro en torno a la galaxia pasase por unas ventanas en las que ciertas explosiones de rayos gamma pudieran impactarle más fácilmente, pudiendo llegar a cambiar hasta su fisonomía.

De hecho, algunos creen que periódicamente el Sistema Solar atraviesa las capas más densas de la Vía Láctea, donde se producen más explosiones violentas y vientos estelares intensos. Nuestro Sistema Solar sería entonces como un barco atravesando una tempestad, pero de proporciones cósmicas.

¿Hacia la sexta extinción masiva?

De ser cierta la teoría de Muller y Rohde, si la última de estas extinciones, la quinta, sucedió hace aproximadamente 65 millones de años, deberíamos estar a punto de sufrir la sexta extinción masiva.

Además, hay varios e inquietantes indicios que apuntan en esa dirección, desde las nuevas teorías matemáticas, hasta los recientes descubrimientos espaciales.

Veamos cinco de estos indicios:

1. Los planetas están sufriendo mutaciones

Aunque últimamente se habla mucho del cambio climático y de la responsabilidad humana sobre ese cambio, lo cierto es que todos los planetas están experimentando cambios en las últimas décadas que están desconcertando a los científicos. El último de ellos, Plutón, que se ha vuelvo en los últimos años un 20% más rojizo. Pero son varios los planetas que se están calentando, mientras otros sufren tormentas y fenómenos desconocidos hasta el presente.

Evidentemente ahí no se trata de la acción humana, sino que una fuerza exterior está actuando sobre ellos. Aunque se habla del influjo solar, es normal que pudieran estar siendo afectados por la radiación gamma.

2. ¿Una nube estelar y un campo magnético que no deberían existir?

El Sistema Solar está atravesando una nube interestelar que según la física no debería existir. En diciembre del pasado año se dio a conocer que las naves espaciales Voyager descubrieron un fuerte campo magnético justo a las afueras del Sistema Solar que está comprimiendo la heliosfera, lo que puede permitir que más rayos cósmicos lleguen al interior del Sistema Solar, lo que a su vez afectaría al clima y a muchas más cosas.

3. La Tierra se encuentra el borde de una transición de fase

Recientemente un equipo pluridisciplinar, entre los que se encuentra el matemático español Jordi Bascompte, explicó en la revista Nature que existen "señales de alarma" que indicarían que cualquier sistema complejo está alcanzando un umbral crítico -o "transición de fase"- a partir del cual se transformará radicalmente.

Sistemas complejos son aquellos que presentan una conducta no lineal, y abundan en la Naturaleza, como la distribución de las galaxias, la atmósfera y los océanos, la diversidad de formas de vida en la Tierra o el movimiento de los átomos.

Según Bascompte, las matemáticas indican que "estamos cerca de una transición de fase".

4. Resonancia Schumann

En 1952 W. O. Schumann, de la Universidad Tecnológica de Munich, descubrió que entre la superficie de la Tierra y la parte baja de la Ionosfera, a unos 100 kms. por encima de nosotros, hay una envoltura magnética que vibra con una frecuencia de 7,83 hercios o ciclos por segundo. Curiosamente, la misma vibración que tiene el hipotálamo humano y que es común a la mayoría de los mamíferos.

Este podría ser uno de esos ciclos que son imprescindibles para el equilibrio vital de muchas especies, incluidos los humanos, igual que la teoría Gaya nos dice que hay proporciones claves para el equilibrio planetario como es la salinidad de los océanos, el oxígeno atmosférico, etc.

Sin embargo, desde los años 80 del pasado siglo XX esa vibración se ha acelerado, pasando a ser de hasta 13 hercios. ¿Podría tener algún tipo de relación con nuestras vidas aceleradas, el estrés y las prisas con las que parece ir todo el mundo?

Los cambios en el clima, en la genética humana, en la psicología y la espiritualidad no se han hecho esperar, y parecen evolucionar en una precipitación de acontecimientos y cambios verdaderamente imprevisibles.

5. Amenazas conocidas

Se llama Wolf-Rayet 104 (WR104) y es una bomba de relojería. Aunque no se sabe cuándo, esta estrella, con una masa 25 veces mayor que el Sol y situada a tan solo 7.000 años luz de nosotros tiene un destino corto y una anunciada muerte violenta. Cuando estalle, su explosión de rayos gamma puede hacernos trizas. Ya se está muriendo; en los últimos años un equipo de físicos y astrónomos de Mauna Kea, en Hawaii, siguen sus pasos y han podido captar el material que está expulsando.

CONCLUSIÓN

Según estos indicios, y algunos más, ya hemos sobrepasado la "hora exacta" de la sexta extinción. Al parecer, el Universo nos ha regalado muchos miles o unos pocos millones de años. Ahora lo que falta saber, y lo que no se puede saber, es hasta cuándo.

Por otra parte, y si esta sexta extinción se hubiera producido hace ya unos 10 o 12.000 mil años, es decir, hubiera sido el famoso Diluvio Universal del que hablan casi todas las culturas y civilizaciones. ¿Podría haber sido una extinción mucho más blanda por cualquier motivo? La vida es cíclica, pero no todos los ciclos tienen la misma intensidad, y eso también se comprueba en las pasadas extinciones de la biodiversidad. Abramos un hueco a la esperanza.

*Versión completa del artículo de Vicente Cassanya publicado en la revista Año Cero nÂs 05-238, del mes de mayo de 2010